El alquimista sin tiempo propio
Ezra conectó al circuito la reserva de su don. Sintió apagarse una percepción que lo había acompañado desde niño: ya no distinguía las pequeñas corrientes del tiempo alrededor de los objetos.
La cámara retrocedió un minuto. Mara cruzó con ayuda de Thorne y el circuito quedó vacío. Ezra pudo decir su nombre y recordar la última mañana que habían compartido. No pudo detener ni un segundo el temblor de sus manos.
Volvieron a casa. Mara encontró una hija adulta, muebles nuevos y una ventana que habían cambiado sin ella. Estaba agradecida de haber salido y enfadada por todo lo que se había perdido. Ezra aprendió a escuchar ambas cosas sin responder siempre con una disculpa que cerrara la conversación.
Cerró su taller de alquimia temporal. Durante meses no supo qué hacer con las horas. Lirael lo ayudó a ordenar los instrumentos y Thorne le consiguió trabajo reparando mecanismos corrientes.
La primera vez que arregló un reloj, necesitó una tarde entera. Se lo llevó a Mara para enseñárselo y ella le pidió que lo dejara en la cocina. Siguió avanzando mientras cenaban. Ezra no podía corregirlo desde lejos. Tampoco intentó hacerlo.
Este cuento tiene 6 finales posibles. ¿Los has descubierto todos?
Tu camino
- Estudiar la inversión local del último minuto
- Consumir para siempre el don temporal de Ezra
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