El precio de un minuto
Ezra conectó su instrumento al circuito. La inversión podía limitarse a la cámara: devolvería a Mara al instante anterior al cierre, sin borrar lo sucedido fuera durante aquellos diez años. Pero necesitaba una energía que el puente ya no tenía.
El instrumento reconoció dos reservas posibles en el propio alquimista. Una era el conjunto de sus recuerdos personales. Perdería su historia, incluida la vida con Mara, aunque conservaría el lenguaje y las habilidades aprendidas. La otra era su capacidad de trabajar con el tiempo. Consumirla lo dejaría sin su don para siempre. Lo que el circuito usara como energía no podría recuperarse con otra inversión.
Ezra había pasado diez años definiéndose por aquel trabajo y por la promesa de corregirlo. Le costaba imaginarse sin ninguna de las dos cosas.
Mara escuchó la explicación a través del dispositivo. —Si pierdes los recuerdos, yo no podré exigirte que seas mi marido porque antes lo fueras. Si pierdes el don, tampoco sabremos enseguida cómo vivir después.
Lirael comprobó los dos cálculos. Thorne preparó la salida de la cámara. Ezra tenía que elegir qué conservar de sí mismo, sin confundir rescatar a Mara con recuperar automáticamente la vida que habían tenido.
¿Qué camino eliges?
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Campos de los ecos: pactos entre sombras
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