Una vida que no se recuerda
Ezra eligió entregar sus recuerdos. Antes escribió su nombre y dejó una nota: «He autorizado esto. No intentéis convencerme después de que recuerdo lo que ya no está». Mara escuchó la decisión y no le pidió una promesa de amor para el otro lado.
La inversión recorrió la cámara. El último minuto retrocedió hasta el punto anterior al cierre y Thorne ayudó a Mara a cruzar. Ezra cayó de rodillas. Cuando levantó la vista, no reconoció a ninguna de las tres personas que lo rodeaban.
Lirael le dijo su nombre y le mostró la nota. No lo abrazaron sin preguntar. Regresaron juntos a la ciudad, donde la hija de Mara esperaba a una madre que casi no había envejecido y a un padre que ya no recordaba haberla criado.
Los meses siguientes no repararon aquella ausencia. Ezra aprendió dónde vivía, qué comida le gustaba ahora y a quién quería ver. Mara se instaló en otra habitación y le contó historias solo cuando él se las pidió.
Un día salieron a caminar. Al llegar a una esquina, Ezra le preguntó si prefería el parque o el río. Mara eligió el río. Fue una tarde sencilla, sin recuerdos recuperados ni milagros añadidos. Los dos decidieron volver a salir la semana siguiente.
Este cuento tiene 6 finales posibles. ¿Los has descubierto todos?
Tu camino
- Estudiar la inversión local del último minuto
- Entregar los recuerdos personales de Ezra
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