Los nombres detrás de las cifras
Seraphine abrió los registros. Donde los informes imperiales decían «material recuperado», ella había añadido nombres de pueblos. Donde figuraba «residuo», había pegado fotografías de objetos que alguien había usado.
Alaric reconoció las columnas de su sala de audiencias. Procedían del hospital de una isla que había pedido ayuda al imperio meses atrás. Sus propios administradores habían archivado la petición como un asunto ajeno.
—Si apago el Telar, mis promesas dejan de valer —dijo.
—Tus promesas ya están costando vidas fuera de tus mapas.
Seraphine propuso publicar los registros y desmontar la máquina bajo la vigilancia de representantes de los mundos afectados. Ella declararía cómo la había construido. Alaric tendría que renunciar al sello que convertía su voluntad en edificios.
Él también podía rechazarlo y volver a gobernar mediante el Telar. Ya no podría alegar que desconocía su funcionamiento. La decisión no estaba entre el orden y el caos que tanto repetían sus ministros, sino entre pagar el precio a la vista de todos o seguir cargándolo a quienes no podían sentarse en aquella sala.
¿Qué camino eliges?
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