Una voz que el muro reconoce
Nadir acercó su luz al muro. Reprodujo el ritmo de las imágenes que lo perseguían: tres pulsos breves, una pausa, uno largo. Elías comprobó la respuesta y confirmó la secuencia desde el lector.
El portal se abrió sin arrastrarlos hacia dentro. Al otro lado se veía una sala de columnas transparentes. La pantalla exterior mostró un inventario que ambos pudieron leer.
El tratamiento de Elías y la forma estable de Nadir dependían del mismo archivo. Para sostenerlos, el sistema reutilizaba recuerdos de personas almacenadas allí. La mujer de la cocina era una de ellas. Las imágenes intrusas procedían de un fallo en la separación entre memorias.
El inventario indicaba dos posibilidades: intervenir dentro y liberar las memorias, perdiendo los servicios de continuidad, o consultar desde fuera y preparar una reparación sin desconectarlos todavía.
—Ya sabemos por qué nos ocurre —dijo Elías—. Nos falta decidir qué estamos dispuestos a cambiar.
¿Qué camino eliges?
❦¿Quieres leer otro cuento?
El planeta sombrío y los portales
El portal de regreso se apaga al terminar una expedición. Kade y Vela deben encontrar una estación con energía o un lugar desde el que pedir recogida para volver a la base con sus muestras.
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Veinte años después de sellar un refugio con cuarenta y tres personas dentro, Draven y Uriel regresan al lugar. Los muertos están a punto de alcanzar la ciudad y Nix recuerda quién cerró la puerta.
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Una cebra, un zorro y un águila investigan una inundación que su pueblo ha aprendido a recordar de forma equivocada.
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