La mesa ocupada
Vera, Bruno y Leo siguieron las anclas talladas en las rocas hasta un edificio bajo. El archivo tenía la puerta abierta y un aviso que repetía la regla del mapa: podían copiar las rutas, pero el original debía quedarse allí.
Dentro encontraron a Sira y dos marineros del Cormorán. Ocupaban la única mesa, rodeados de hojas recién dibujadas.
—Hemos llegado primero —dijo la capitana—. Todavía necesitamos un buen rato.
Vera miró las ventanas. Desde allí se veía subir lentamente el agua entre los arrecifes.
—Si esperamos demasiado, no podremos volver a ninguno de los barcos.
Sira señaló sus hojas. Ya habían copiado la parte norte de los Bajíos Blancos, justo la ruta que buscaban ellos. Les faltaba la parte sur.
—Podemos repartir el trabajo —propuso Leo—. Nosotros copiamos el sur, vosotros termináis el norte y luego intercambiamos las dos mitades.
Sira dudó. No quería entregar su trabajo sin saber si los recién llegados dibujaban bien.
Vera vio otro cartel junto a la puerta: cuando dos grupos no acordaban el turno, podían resolverlo con una prueba sobre una carta de práctica. Quien encontrara primero la ruta correcta usaba la mesa durante quince minutos. El otro grupo tendría el turno siguiente.
—Aceptaré cualquiera de las dos cosas —dijo Sira.
¿Compartirían el trabajo o disputarían el siguiente turno leyendo la carta de práctica?
¿Qué camino eliges?
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